Los opino-escribidores

por Aleomanaz


(Un texto muy rabón)

Son una mezcla entre opinador y escribidor; entre periodista y literato; entre no ficción y ficción; entre intelectual y wannabe; entre revolucionario y cliché. Se reproducen sin control entre revistas digitales, blogs y redes sociales.

Son mamertos, sin lugar a dudas. Tipos con los que no tendría sexo.

Su prosa es oportunista. Escriben sobre cualquier tema mediático, con líneas tan vehementes, que los hacen pasar por expertos. De política, concluyen que todos son unas ratas. De sociedad, que el mundo está perdido. De farándula, que nadie sin talento merece ser millonario. Destruyen con decenas de calificativos los cuerpos de las mujeres famosas con las que se hacen las pajas en silencio. Critican, por ejemplo, a Calle 13, que porque hacen música protesta mientras ganan millones de dólares, como si ellos no escribieran sus textos por un par de likes. Como si no le vendieran el alma al diablo por una centésima parte de lo que gana Calle 13 en un concierto.

El estilo, era chistoso cuando eran pocos y enclenques, ahora que tienen tanta fuerza y se expanden por la web como cualquier virus de mosquito en tierra caliente, son intolerables. Escriben frases largas, sin puntos seguidos, con pocas comas y escasas tildes. Escriben como si estuvieran en vivo, en un programa radial y así se excusan de los errores por la prontitud. Tienen tanto afán por opinar, que no reposan los textos.

Redundan y usan lugares comunes. Nada de precisión, nada de economía de palabras. Desgastan frases como “para nadie es un secreto”. Dicen “realizó preguntas” en vez de “preguntó”. “Hizo énfasis” en vez de “enfatizó”. Utilizan numerosos, densos y violentos calificativos por frase. Y encomillan todo el tiempo, para suponer ironía. Y llaman “cosa” a cualquier cosa, como si las cosas no tuvieran su propio nombre. Y titulan como disparos. Eso es bueno, hay un tanto de astucia en los títulos.

Algo de lo más desesperante, de la fusión de la ficción y no ficción, es el abuso de las situaciones en las que nunca estuvieron. No sé hasta qué punto lo permite el periodismo como un recurso, pero por ejemplo, si critican a alguien como Kim Kardashian –cómo quisiera tener las tetas y la cuenta bancaria de esa mujer-, inician con algo así como: “Sobre el nuevo sofá de cuero, está sentada Kim, con un trago de whisky que gotea sobre su falda de piel de panda de resguardo chino. La gota baja por sus piernas recién bronceadas y llega hasta su delgado tacón de 15 centímetros. Mientras cae la gota, la cuenta bancaria de Kim se incrementa en –aquí va una cifra absurda- dólares”. ¿Estuvieron sentados al lado de Kim para ver la gota? ¿Son expertos en piel de panda de resguardo chino? ¿La acompañaron a broncearse? ¿Le midieron el tacón? No. Son mamertos con creatividad pajiza, que describen situaciones inexistentes y saben que hablar de cómo sufren los animales siempre será un punto extra ente el lector que más que pensar, siente. Después de ese fragmento siguen con más frases de la cuenta bancaria, porque les molesta que la gente haga dinero. Llamemos a esto, doble moral.

Como son un todo, tan completos como un batido verde posejercicio, hacen referencia a películas o directores, a libros o escritores. No es raro que en un texto en el que pretendan hablar de rumbas, lancen una frase de Sócrates.

Lo peor del fenómeno, es que hay gente que cree que son buenos. Por eso se extienden. Eso me da rabonería.

 

Estoy en Twitter: @Aleomanaz

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