El Centenariazo

por elrincondelhincha


Por Esteban Cardona / Fotografía: AFP
@estebanpolite

El Centenario de Montevideo fue testigo de una de esas noches mágicas donde nada sale mal y el fútbol, por un buen rato, te hace olvidar de los problemas. Fueron 90 minutos de alegría verdiblanca, de un manejo de balón impecable y de emoción intensa para los hinchas verdes, de esa que solo produce las cosas que te apasionan.

Tal vez,  ni en el mejor escenario del hincha más optimista estaba repetir lo hecho en 2012, la goleada 0-4 del equipo comandado por Dorlan Pabón a uno de los equipos más históricos de Suramérica, el uruguayo, Peñarol. Y sí, el centenariazo lo hicimos realidad otra vez. Igual marcador, con candombe incluido y un guiñito del Dios del fútbol a Ibarbo, Pérez, Guerra y compañía que como en la época de Pacho pusieron chiquitica la pelota y plantaron cara ante el mundo con una única herramienta: fútbol.

El reto del Centenario se planteaba como una medida para saber ¿para qué estamos en la Libertadores?: Primero, por la capacidad de los uruguayos de tener como mejor argumento la adversidad, y segundo, por enfrentar una hinchada imponente y un estadio lleno de  historia, diezmado, eso sí, por el mal momento del ‘Manya’.

Fue en ese escenario donde nuestros pelaos vestidos de verde y blanco contaron con la gambeta de Ibarbo, con la habilidad de Pérez para manejar el tiempo y descubrir los secretos de  la cancha y con la precisión en la pegada de Bocanegra que junto a los demás héroes de la gesta, tuvieron, tal vez, un poco de inconsciencia y mucha confianza en su juego para repetir lo impensado: ganar, gustar y golear en la tierra de Artigas.

Con el balón como pilar fundamental del juego, con la precisión como lema y el oportunismo como factor diferenciador, el equipo de Rueda hizo historia en el Centenario de Montevideo, lugar donde las victorias se convierten en gestas y los triunfos en historias fantásticas.

Cuenta Eduardo Galeano que en la época gloriosa de Peñarol, en la década del 60, cuando fue el mejor equipo del mundo logrando dos copas intercontinentales, Spencer y Joya, con esa confianza propia del saberse superiores, preguntaban al rival al llegar a un partido “¿Trajeron otra pelota para jugar? Porque esta es solo nuestra”. Esta frase, antiguamente usada por Peñarol, perfectamente se puede aplicar al desarrollo del juego de Atlético Nacional esa noche, en un partido en el cual el equipo de Rueda te deja con la extraña certeza de que hasta lo más difícil de repetir es posible.

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