Elogio de Christian Marrugo

por elrincondelhincha


Por Juan Carlos Talero
@juantalerop

Es un mago. Minuto 92 y 10 segundos; Christian Marrugo recibe un pase de Juan David Cabezas en la mitad de la cancha; los cuarenta y cuatro mil aficionados que estábamos en el Atanasio Girardot dejamos de mirar al crack de la camiseta número 17 para fijar nuestros ojos en la portería de norte; estaba absolutamente sola; Alexis Viera, arquero del Junior, había ido a cabecear la última oportunidad de empate que se le presentaba al conjunto ‘tiburón’ en esta finalísima. Pero el tiro de esquina no fue efectivo y los del rojo lograron rechazar y comenzar el contragolpe.  Todos esperábamos el gol fantástico, el de desde la mitad de cancha, como para devolver honores a esa joya que nos propinó Jarlam Barrera en este mismo estadio, en esa misma portería y que terminó sacándonos de la final de la Copa Colombia del año anterior.

Pero no, Marrugo se acordó de que todo lo del rojo es sufrido y comenzó la carrera hacia la portería vacía. Juan Guillermo Domínguez, del Junior, emprendió la misma correría que el cartagenero y otros 3 jugadores poderosos. Las voces en la tribuna empezaron a clamar y solo se oía el ‘pegale’ y ‘metelo’ que remembraron el gol de Malásquez en una noche de noviembre de 1984, cuando el crack peruano decidió darse un paseo por el área chica del rival sacando defensas, con el balón atado al pie sin darle destino final hasta que a él le diera la gana.

Después de unos metros de recorrido, la cabeza del crack se levanta y mira de reojo a su competidor, en ese momento él ya sabe cómo terminará la jugada; pero nosotros no; nosotros sufrimos porque vemos al lateral del Junior en una carrera frenética y sabemos que al DIM le pasan esos eventos macondianos que a lo largo de 103 años muchas veces nos han dejado la boca amarga y la ilusión de que la próxima vez será la nuestra. Sin embargo, no somos los únicos desesperados, Juan David Cabezas manotea constantemente a su compañero reclamando el balón de vuelta para definir la serie, el mismo Mao Molina se contagia y también quiere un pase que le permita ese gol soñado… pero el pase nunca va a llegar.

El desespero de estos 8 segundos que dura la escena es agotador, todos estamos desquiciados, pero la mente del talentoso volante, está tranquila y serena y por eso piensa mejor que todos. Marrugo sabe que un error milimétrico en el pase puede desembocar en un fuera de lugar y una nueva oportunidad para el rival. También sabe que la portería es muy grande y el rival que lo persigue representa solo un cuerpo que no alcanzará a cubrirla totalmente. Christian es un jugador muy inteligente; ya lo había demostrado en el primer gol del juego, cuando en plena área grande, y con varios rivales al frente pone una curva fantástica, con su pie menos hábil (si es que se puede decir que este mago tiene un pie menos hábil) para vencer a un arquero que nos tiene acostumbrados a sus atajadas milagrosas pero que a este no pudo llegar y fue la cuota inicial para el título esquivo en 3 campeonatos anteriores.

Y ahora, para colmo de males, Christian Camilo ha bajado la velocidad y permite que Juan Guillermo se acomode cerca al arco, como un portero sin brazos listo para la proeza.  La tensión en los hombros y los cuellos de los asistentes es demoledora, ¿quién creyera que en 8 segundos se pudiera sufrir tanto? Y ni hablar de los del banco técnico del ‘Poderoso’ que también se ven desesperados porque la historia termine.  Caicedo señala a donde debe ir el balón; Leonel se tuerce hacia un lado como intentando darle velocidad o desequilibrio a la jugada, Burbano se asoma por detrás de ‘Leo’ como quien no quiere ver el desenlace; Cahais se inclina como preparando el salto…

Pero por fin Marrugo entiende que hay que dejar de ‘jugar’ con esta gente, y antes que Dominguez se acomode en la portería, decide mandar el balón a donde corresponde, a la red, y poner la sexta estrella esquiva en el escudo que tanto la anhelaba.  Algunas lágrimas aparecen en los ojos, pues hace 23 años, no fueron 8 segundos, si no 8 minutos los que no permitieron la celebración completa.  Ese día, 19 de diciembre de 1993, otro ‘mago’, pero este de escritorio y corbata, decidió empezar más tarde el partido en Barranquilla y jugar con el resultado del clásico en el Atanasio,  y así desapareció la estrella que se había esperado por 36 años y la colgaron en el escudo del equipo de ‘curramba’.

El gol se grita en todo Antioquia, hasta me atrevería a decir que en todo el país; pues es una jugada de esas épicas, que no se ven todos los días, y mucho menos en una final atiborrada de fanáticos propensos al cardiaco y que hacía menos de 8 días habían tenido que resistir la agonía de una serie que era definida en 22 penales.

Gracias Christian Camilo Marrugo Rodríguez por esa sexta estrella que tiene alegre a mi corazón, gracias por poner a celebrar a esta afición que parecía más cercana al fracaso y a la burla.  Gracias por volver a darle la categoría de ‘Poderoso’ a este equipo que hace rato se está acostumbrando a jugar finales y que ayer demostró que también está aprendiendo a ganarlas.  Pero también gracias al ‘profe’ Pekerman por no haberte visto en los últimos 3 torneos y no llevarte a la selección y habernos hecho un daño fatal que seguramente me tendría escribiendo otro desenlace.

 

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