Nacional y la obsesión por La Libertadores

por elrincondelhincha


Por Esteban Cardona Arias
@estebanpolite / Fotografía: cortesía Club Atlético Nacional

Tal vez muchos de nosotros nos estamos haciendo la misma pregunta ¿Estamos preparados para ganar la Libertadores? La respuesta, por ahora, no la tenemos. Lo que sí tenemos es una ilusión grande, tan grande que se ha convertido en obsesión.

Durante los últimos años, fruto de inversiones fuertes de la empresa privada dueña de Nacional, de una gestión deportiva criteriosa, equipos maduros y bien construidos por dos grandes técnicos (Osorio y Rueda),  revivió como pocas veces en nuestra historia la posibilidad de ganar, de nuevo, una copa internacional.

Las copas internacionales son un motivo de prestigio inigualable. Cuenta la leyenda que Hitler -sí, el fhürer- se obsesionó tanto con obtener la Copa Jules Rimeth, que luego de que el seleccionado alemán no la obtuvo en la Copa del Mundo del 38 en Francia, creó un comando durante la invasión a Italia en la Segunda Guerra Mundial, para conseguir el preciado trofeo que conservaba esta nación al ser el último campeón del mundo para la época. No la pudo obtener porque un funcionario de la federación italiana escondió la pieza de plata y oro; tiempo después, ya sin Hitler de por medio, la copa desapareció sin conocerse aun su paradero.

La intención no es hacer ninguna comparación con Hitler, no. Solo señalo el nivel de expectativa que puede generar una copa. Ahora bien, retornando a Suramérica, existe entre cada hincha verde la necesidad de revalidar, internacionalmente, lo que ya se logró a nivel local. siete títulos en tres años. Y el título internacional es la forma de obtener prestigio más allá de las fronteras y, así, entrar en el grupo de los equipos “coperos” de Suramérica.

Por eso, los hinchas queremos revivir ese momento intenso de felicidad del 89, sobre todo los menores de 30 años que no tuvimos la suerte de vivir ni sentir el ratico de gloria que nos dio Pacho Maturana y sus muchachos y que tras muchos años tuvo como sucesor del capricho más grande de los hinchas de Nacional al gran Juan Carlos Osorio y ahora al metódico Reinaldo Rueda. La influencia de estos ídolos nos ha dañado la cabeza hasta el punto de la obsesión.

Aunque la obsesión puede convertirse en un problema por su compañerismo con la ansiedad y la confusión, debemos vencer, además de los teóricos siete equipos, la deuda sicológica de competir con la misma intensidad, sin importar el rival, en cada uno de los juegos, sin caer en el extremo de menospreciar o sentir inferioridad, comportamientos que están relacionados con nuestra manera de ser más que con falta de calidad en el juego.

Rueda, con un proyecto más maduro que Osorio, parece ser el técnico indicado para asumir el rol de barrera de contención contra la presión de la obsesión. Así como Ranieri, viejo zorro italiano que al preguntarle si su Leicester puede ser campeón inesperado, responde: “No sé si podemos ganar el título, pero es fantástico que nos hayamos ganado el poder hacernos esa pregunta”. Aunque creo que ni Rueda podría responder con tal maestría, si sé que es el indicado para conducir esta obsesión llamada Libertadores.

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